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Todos/as los/as jugadores/as cuentan

23 Nov 2017
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Un problema muy común entre los componentes de un equipo es la aceptación del rol por parte de todos/as los/as integrantes. Con frecuencia, encontramos a jugadores/as que al no jugar los minutos suficientes sienten que no están contribuyendo con el equipo o, incluso, se sienten dejados de lado.

Es labor nuestra, de los/as entrenadores/as, ayudar a que cada jugador/a acepte el rol que tiene dentro del equipo.

¿Cómo podemos hacer esto?

Primero, debemos de minimizar las diferencias de estatus entre roles, es decir, que entre los componentes del equipo no exista la creencia de que el importante es el que marca los goles o el que es designado como capitán.

Segundo, tenemos que enfatizar que el éxito del equipo depende de la contribución de cada uno de los miembros que forman dicho equipo, y sin la suma de todos/as y cada uno/a, el éxito no llega.

Tercero, debemos de intentar darles roles de importancia a los jugadores/as que sientan que tienen menos peso en el equipo. Que sean los encargados/as de la música, los/as primeros/as al posicionarse en la fila, dar la opción de que sean capitanes/as a medio o corto plazo, u otorgarle la obligación de animar al resto de sus compañeros/as durante los entrenamientos y partidos. Esto es lo hemos llamado el rol del "cheerleader", cada semana dos jugaores/as son los encargados/as de resaltar las virtudes de sus compañeros/as, animar, aumentar y pedir intensidad a sus compañeros/as.

¿Cómo se lo explicamos?

Realizamos una sesión grupal en la que debatimos por grupos sobre las siguientes preguntas:

¿Cuántos/as jugadores/as están dentro del campo jugando?
Los/as de balonmano responderán 7, los/as de fútbol responderán 7 u 11, dependiendo de la categoría.

Muy bien, ¿y cuántos hay en el banquillo? 7, 5…, los/as que sean. La cosa es la siguiente: si todos/as los jugadores/as que están en el campo juegan dándolo todo tendremos una fuerza grupal de 7, ¿y si todos/as los/as que están en el banquillo están de la misma manera, aportando todo lo que pueden desde su posición? Tendremos más fuerza, ¿no?

Imaginemos que el otro equipo tiene 15 jugadores/as todos/as motivados/as, animándose entre ellos/as y disfrutando aunque estén sin jugar; mientras que nosotros/as tenemos 15 pero 3 de los compañeros/as que están en el banquillo están “tristes o enfadados/as” por no jugar... Si veis, ya no tendríamos una fuerza de 15, sino de 13. Pero ellos/as sí... ¿quién presenta más probabilidades de ganar el partido en esta situación?

La conclusión

Por eso nosotros/as siempre debemos ser los que tengan a todos/as y cada uno de los jugadores/as enchufados/as, dispuestos/as a dar su 100% donde les toque. ¿A caso si estáis lesionaos/as no animáis a los/as compañeros/as? Al revés, os volcáis más con ellos/as porque es la única forma de ayudar. Esa debe ser vuestra actitud cuando estéis sentados en el banquillo, la de sumar a vuestro equipo, la de mandar toda la fuerza posible, la de hacer que vuestros/as compañeros/as crean que se pueden esforzar un poquito más...

Vía: Psicohandball

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